En un contexto internacional marcado por tensiones geopolíticas, conflictos regionales y creciente presión de las grandes potencias, América del Sur sigue siendo una región estratégica… pero vulnerable. Aunque el continente dispone de recursos decisivos para el siglo XXI —agua, energía, biodiversidad, alimentos, minerales críticos y posición geopolítica clave— aún carece de una arquitectura común de defensa capaz de garantizar soberanía y estabilidad.
La discusión dejó de ser teórica. La guerra tecnológica, el uso masivo de drones, los ataques de precisión y las operaciones militares limitadas demostraron que la seguridad ya no es un tema distante: es una cuestión central de supervivencia nacional y regional.
Un camino posible: alianza cooperativa, no bloque militar agresivo
Analistas coinciden en que la región no necesita un “ejército continental” centralizado ni um pacto militar ideológico. El modelo más realista sería la creación de una alianza sudamericana de defensa, basada en cooperación, interoperabilidad y coordinación estratégica.
Su objetivo sería:
- disuadir intervenciones externas
- proteger espacio aéreo, mares, Amazonía y regiones estratégicas
- fortalecer la seguridad cibernética e infraestructura crítica
- coordinar inteligencia regional
- garantizar autonomía estratégica del continente
Se trata de integración defensiva, no ofensiva.
Aprender de las experiencias anteriores
La región ya intentó construir mecanismos de seguridad, pero muchos fracasaron por disputas políticas y falta de continuidad institucional.
TIAR / OTAS: una promesa que no se cumplió
El Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca fue presentado como un sistema automático de defensa colectiva. Sin embargo, su fragilidad quedó evidente en 1982, durante la Guerra de las Malvinas/Falklands, cuando la solidaridad hemisférica no se materializó. El episodio dejó una lección clara:
depender de estructuras controladas por potencias externas significa aceptar límites a la propia soberanía.
UNASUR y el Consejo de Defensa Suramericano
Fue el intento más serio y técnicamente avanzado de integración militar regional. Logró:
- generar confianza entre fuerzas armadas
- crear espacios permanentes de diálogo
- promover diplomacia preventiva
La lección es evidente: sin estabilidad institucional y visión de largo plazo, cualquier proyecto regional se desintegra.
Democracia como condición fundamental
Cualquier alianza de defensa sudamericana sólo será legítima si:
- permanece bajo control civil
- respeta el derecho internacional
- mantiene compromiso con los derechos humanos
- tiene prohibido intervenir en conflictos políticos internos
Implementación gradual
Especialistas recomiendan una construcción en tres etapas:
1) Etapa institucional
- reactivar un Consejo de Defensa regional con autoridad real
- crear protocolos comunes para situaciones de crisis
- definir marcos jurídicos compartidos
2) Etapa operativa
- integración de defensa aérea y marítima
- vigilancia coordinada de Atlántico Sur, Pacífico y Amazonía
- creación de un centro regional de ciberdefensa
- ejercicios militares conjuntos e intercambio de inteligencia
3) Capacidad efectiva de disuasión
- estandarización tecnológica
- fortalecimiento de la industria regional de defensa
- sistemas conjuntos de defensa antiaérea y antidrones
Costos y viabilidad
Hoy, la mayoría de los países sudamericanos invierte entre 0,8% y 1,5% del PIB en defensa. Analistas sostienen que no es necesario duplicar gastos, sino invertir mejor:
- compras conjuntas reducen costos
- integración tecnológica disminuye dependencia externa
- industria de defensa regional genera empleos y desarrollo
- coordinación estratégica evita desperdicios
Un nivel razonable sería avanzar gradualmente hacia 1,5% o 2% del PIB, com planificación responsable y transparente.
¿Quién lideraría?
Conclusión
América del Sur enfrenta un dilema estratégico: permanecer desarticulada y vulnerable o construir una estructura regional capaz de garantizar autonomía, democracia y seguridad. Una alianza sudamericana de defensa no significa militarizar el continente, sino evitar que otros lo militaricen desde afuera.
📷: IBGE/Brasil

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